Pobreza y exclusión: Historias de cartón PDF Imprimir E-Mail
Silvia y Elena juntan cartones para subsistir (Foto Tejera)“Hace más de cuarenta años que recorro el pueblo recolectando lo que encuentro: cartones, diarios, botellas y trapos para subsistir”, se lamentó Silvia Graciela López junto con su hija Elena que reveló: “Decidí abandonar la escuela porque tengo que trabajar y ayudar a mi mamá que está enferma”.

Historias de vida que evidencian la situación socio económica de muchas familias en Argentina. Historias de cartón, papeles, botellas y basura que miles de argentinos tienen para contar cuando transitan con sus carros las calles de los pueblos y las ciudades del país. Ellos son niños, adolescentes, mujeres y hombres que decidieron revolver la basura para poder subsistir convirtiéndose al oficio de cartoneros para lograr sobrevivir.

Son jóvenes, adultos y ancianos que deambulan tristes y silenciosos enfrentando la dura realidad que hoy les toca “vivir en situación de calle y en la marginación social”.
Son historias de trabajo pocos redituables, también de hambre y desolación.

LOS CARTONEROS EN PEHUAJÓ

Son, además, historias de pehuajenses desamparados que, como tantos otros ciudadanos de diversos lugares, se lanzaron a la tarea recorriendo los basurales; también observando las casas, los comercios y depósitos que arrojan algunos desperdicios, que para ellos significa el ingreso de unos pesos para llegar a fin de mes y ganarse el pan de todos los días.

Para indagar en uno de estos penosos relatos NOTICIAS dialogó con Silvia Graciela López (51) y su hija Elena (19), dos cartoneras que madrugan a las 7:30 para acarrear en un carrito los residuos que encuentran beneficiosos para cubrir algunas de las necesidades básicas para la subsistencia. Porque aunque los días sean fríos o calurosos, “el principal objetivo es evitar caer en la desnutrición”, comentaron.

“Hace más de cuarenta años que recorro el pueblo recolectando lo que encuentro: cartones, diarios, botellas y trapos, para luego acumularlos y venderlos una vez al mes; pero no es mucho el dinero que percibo. Años atrás trabajé en la manzanilla, pero en la actualidad no consigo un puesto laboral digno; y de brazos cruzados no puedo estar porque tengo una familia que mantener”, se lamentó la vecina mamá de dos hijas adolescentes.

CON LO QUE RECAUDO NO PUEDO MANTENER A MI FAMILIA

Al preguntarle si expuso su situación al Gobierno de turno, reveló: “En reiteradas oportunidades me anoté en la Municipalidad para acceder a un trabajo, pero no me han llamado...”

Acerca del ingreso mensual que obtiene con la recolección de cartones y otros elementos, manifestó: “percibo alrededor de $ 800 y con eso tengo que subsistir todo el mes. Las cosas aumentan todos los días, y con ese dinero no alcanzo a pagar el puchero de todos los días; tampoco otros gastos, como la luz, el gas y los remedios” .

Al indagar sobre la garrafa social y los medicamentos que entrega el Municipio a los sectores de menos recursos, Silvia afirmó que “no siempre me entregan la garrafa y los remedios nunca”.

EL ACCESO AL AGUA SEGURA

Entre otras referencias, le consultamos sobre el agua que utiliza para el consumo diario.
"Transporto, todos los días hasta mi casa, baldes con agua que junto de una canilla del barrio. Es mucho el esfuerzo que tengo que hacer y me duele el cuerpo porque tengo reuma; además no puedo darme el lujo de comprar agua envasada”.

CAUSAS QUE ORIGINAN LA DESERCIÓN ESCOLAR

El rostro de Elena exterioriza la tristeza de una jovencita que no puede asistir a la escuela y desarrollar las actividades acordes a su edad, por la situación económica familiar.

“Tengo que ayudar a mi mamá que, por su estado de salud, no puede realizar la tarea sola”, explicó la adolescente al sumarse a la conversación. Y agregó: “Entonces decidí dejar los estudios; además en estas condiciones no puedo continuar cursando la escuela, porque no tengo dinero para comprar zapatillas ni la ropa necesaria para asistir como los otros chicos...”

Al insistir en la colaboración del Municipio reveló que “no me ayudan...”

“Asimismo, con mis padres hacemos el esfuerzo para que mi hermana Malena (12) pueda estudiar y concurrir a la escuela”, reflexionó satisfecha esbozando una tenue sonrisa. Y añadió: “A mi padre lo operaron de una hernia y no se recuperó bien. Ahora realiza algunas changas, porque así tampoco puede conseguir un trabajo fijo. Necesitamos ayuda, pero lamentablemente creo que esta situación para nosotros no va a cambiar”, concluyó la joven con los ojos humedecidos.
 
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